¡Hola a todos! Qué emoción estar por acá de nuevo. Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que pasé a escribir en la página web, pero hoy no es un día cualquiera. Hoy hace exactamente un año llegó nuestra pequeña princesa a revolucionar nuestras vidas, y no podía dejar de compartir con ustedes cómo fue ese día tan caótico, tierno e inolvidable cuando nació mi hermosa Amelia Elin. ¡Acompáñenme a recordar este viaje!

 

Todo comenzó el día anterior, el 3 de junio de 2025. Tenía programada mi consulta de rutina con la matrona. Si les soy sincera, ¡no tenía ni ganas de ir! Como buena venezolana, estaba acostumbrada al sistema de nuestro país donde cada mes vas al médico, te hacen un eco, ves a tu bebé en el monitor y revisas todo al detalle.

Aquí en Suecia la cosa es muy diferente: las matronas (barnmorska) son enfermeras súper especializadas en atención prenatal, pero todo lo hacen a través del contacto físico, palpando la barrigua y haciéndote preguntas de cómo te sientes y cómo percibes al bebé. ¡No hay monitores en cada cita! Aunque nuestra matrona, Kerstin, siempre fue una profesional excelente y un amor de persona, yo iba con la mentalidad de: "Bueno, me va a preguntar lo mismo, me dirá que todo está bien y me mandará a casa directo si no tengo contracciones". ¡Pero el destino tenía otros planes!

Al hacerme el tacto, Kerstin me mira y me dice que ya tenía 3 centímetros de dilatación. Yo ya había perdido el tampón mucoso días antes, pero no sentía ni un solo dolor. Acto seguido, me hizo unos movimientos allá abajo que, no les voy a mentir, ¡me dolieron bastante! Me senté de nuevo, me dio un par de indicaciones y algunos ejercicios para hacer en casa. Pero justo en el momento en que me levanto de la silla listísima para irnos... ¡pum! Rompí fuente ahí mismo en el consultorio.

Kerstin, al ver que era mi segundo bebé, no lo dudó ni un segundo. Me miró y me dijo: "¡Váyanse ya mismo al hospital!". Eran cerca de las 5 de la tarde y la adrenalina empezó a correr por mis venas.

Carrera a casa, encargos en el hogar y rumbo al Hospital de Danderyd

A pesar de la prisa, y que todavía no sentía dolor decidimos pasar primero por casa. Necesitaba ducharme y recoger la maleta con todas nuestras cosas para el hospital. Antes de salir, le dejé una tarea súper importante a Aiden, por favor, quédate muy pendiente del celular por si te llamo y cuida muchísimo a Bruno

Con todo listo, Benjamín y yo salimos hacia el Hospital de Danderyd, ingresando oficialmente a eso de las 6:30 de la tarde. Lamentablemente, la primera impresión no fue la mejor. La enfermera que nos tocó en ese turno tenía una vibra bastante pesada; se nota que estaba muy cansada. Al revisarme, me dijo que todavía me faltaba mucha dilatación y me sugería que me regresara a la casa. ¡Imagínense eso! Yo me planté en seco y decidí que no nos íbamos. Pasar el proceso de las contracciones metida en el carro iba a ser una tortura, así que insistimos en quedarnos. ¡Menos mal que lo hicimos!

Gracias a Dios, a las 9:00 de la noche ocurrió el cambio de guardia y el ambiente cambió por completo. Llegaron unas enfermeras maravillosas, sumamente amigables y pacientes. Unos minutos después, los dolores fuertes empezaron de verdad. Me revisaron y apenas iba por 5 de dilatación. En ese momento supimos que era hora de llamar a nuestra Doula Ana.

Ella es una chica mexicana extraordinaria que había estado yendo a nuestra casa las semanas previas para darnos consejos, enseñarme técnicas de respiración y explicarnos qué esperar del gran día. Pero además de su apoyo emocional, tenía una misión vital: ¡ser mi traductora! Y es que les confieso algo: cuando yo entro en momentos de mucho estrés, el inglés me entra por un oído y me sale por el otro, ¡mi cerebro se bloquea por completo! Ella iba a estar en la habitación junto a Benjamín para ser mis oídos

Curiosamente, semanas antes habíamos planeado que el nacimiento de Amelia fuera en el agua, pero al final me arrepentí por completo. Le dije a mi Doula que prefería el método tradicional porque... ¡no quería mojarme el cabello en pleno parto 🫣, Nos reímos de eso, pero de verdad no quería lidiar con el cabello mojado en ese momento, jajaja.

Mi Doula me había advertido algo muy importante sobre el sistema sueco: "En la habitación siempre vas a estar atendida por las enfermeras y por mí. Si ves entrar a un doctor, es porque algo no va del todo bien". Así que imagínense mi cara de terror cuando, cerca de la medianoche y tras haber intentado dos veces  para que la bebé saliera, veo abrirse la puerta y entra un médico.

El doctor nos explicó que necesitaban monitorear de cerca a la bebé porque los latidos indicaban que estaba entrando en sufrimiento fetal y no lograba salir. Para poder medir bien sus niveles, tuvieron que puyarle la cabecita desde adentro... ¡y lo hicieron tres veces! 😢 Fue una situación sumamente angustiante y dolorosa. En ese punto ya no podía más con el dolor, era demasiado, así que pedí la epidural. En cuanto me la colocaron sentí un alivio enorme; el dolor seguía ahí, pero al menos era soportable y me dio las fuerzas que me quedaban.

¡Bienvenida al mundo, Amelia Elin! 

El médico me advirtió que la tercera oportunidad sería la última que me darían para intentar un parto natural antes de evaluar otras opciones. Saqué fuerzas de donde no tenía, puse todo mi corazón y, tras lo que sentí como una auténtica tortura allá abajo... por fin, ¡Dios mío, por fin salió!

A las 3:50 de la madrugada nació nuestra preciosa princesa. Era la cosita más chiquitita, perfecta y hermosa que mis ojos habían visto jamás. Rompí a llorar. Jamás olvidaré que, estando en mi pecho llorando, de inmediato estiró su manita y le agarró el dedito a su papá. Y ahí se quedó, en el pecho de su mami. Fue el momento más hermoso del mundo.

El postparto aquí en Suecia también me sorprendió muchísimo por lo rápido de todo. Amelia nació a las 3:50 am y ya a las 10:44 am del mismo día nos estábamos subiendo al carro de regreso a casa. Por cierto, ¿recuerdan a Aiden? ¡Nunca contestó el teléfono en toda la noche! Así que regresamos, sin saber cómo estaban él y Bruno. Llegar a nuestro propio hogar tan rápido nos dio una paz y una tranquilidad increíbles para comenzar esta nueva etapa en familia.

Hoy, un año después, miro a mi niña y sé que cada segundo de dolor valió la pena. ¡Feliz primer cumpleaños, mi Amelia Elin!

Tack så mycket 🇸🇪✨

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